domingo, 22 de marzo de 2009

Primavera :)

La naturaleza es muy sabia y sabia también su paciencia al esperar dormida en este invierno que ya se ha marchado. Hoy haces a un lado esas tardes de frío y días grises. Los campos comienzan a despertar de su descanso y se visten de flores adornando los lugares que permanecían inertes, suspendidos en el tiempo, sin vida, sin alegría, pero que sin embargo tan solo permanecían dormidos. Por este breve tiempo sabremos acogerte y sentirte al máximo, sabiendo que tras tu partida nos dejaras días más calurosos, días más amenos para compartir.

viernes, 30 de enero de 2009

La primavera que ya llegó

Nuevo meneo, y gracias a la nueva noticia del clip de Primavera Anticipada. Cada vez son más los dúos entre músicos de diferentes nacionalidades, cosa que está siendo todo un éxito. Todo empezó con la unión de las voces de Craig David y Alex Ubago para continuar con el singular dueto de Laura Pausini y James Blunt. Ni siquiera me hizo falta escucharlo una segunda vez para saber que se trataba de todo un acierto. Es mi mujercica, que de nuevo, ha vuelto pisando fuerte, al igual que Alex lo hará en breves :)
El resultado ha sido el siguiente:

domingo, 18 de enero de 2009

Astronomía diurna

Acimuts, culminaciones, equinoccios, solsticios… Latitud norte, o sur, quien sabe… Longitudes… Como veis, necesito un respiro, desconectar,... Tantas son las ganas que esta mañana me la he tomado “al aire libre”; en casa, seguramente, no iba a ser muy productiva. Y este año, perder el tiempo, no entra en mis planes.

PD: Disfrutad tan hermoso paisaje :D

martes, 13 de enero de 2009

...but others are puzzles, puzzling me!

All that noise, all that sound
all those places I got found...
And birds go flying at the speed of sound
to show how it all began...
Birds came flying from the underground,
if you could see it then you'd understand



If you've never tried then you'll never know ¬¬

miércoles, 7 de enero de 2009

Aún estamos a tiempo

- ¿Cómo sé que en esta ocasión puedo confiar en ti? -pregunté con timidez
- Shhh. ¿Oyes eso?
No oía nada y se lo dije.
- Es el sonido de algunos muros que se vienen abajo. Los muros que has ido levantando. ¿Los oyes ahora? Ya has empezado a confiar un poco en mí y los muros se están derrumbando.
- No, no oigo nada -contesté con obstinación.
- Da igual -dijo sin darle trascendencia-.
- Mientras yo oiga que se están desmoronando, no importa si tú no eres capaz de hacerlo.
- No lo entiendo -dije-. ¿Cómo va a ayudarme eso a reencauzar mi vida?
- Dímelo tú -me sonrió con expresión paciente.
Vaya, ahora iba a hacerme sudar.
- Bien, supongo que quizás he levantado algunos muros bastante sólidos a lo largo de los años -respondí pensativa-. Ya sabes, muros que me impiden creer en ti. Y también he utilizado esos muros para mantener a raya a otra mucha gente.
Hizo un gesto de asentimiento pero no dijo nada. Supuse que aquello significaba que aún quería oír más.
- Y me gustan mis muros -insistí-. Me han protegido. También han impedido que me hicieran daño.
- Y también han mantenido mucho miedo encerrado dentro –añadió-. Es por eso por lo que son tan peligrosos. Te impiden ver lo que es real.
- Vale -admití-, pero ¿qué es todo eso de traspasarlos? ¿Estás diciendo que tengo que derrumbar esos muros a los que tantos años he dedicado, hasta construirlos a la perfección?
- No -me dijo-. Eso sería demasiado trabajoso. Es más sencillo saltar por encima de ellos. Ya sabes, funcionar a pesar de ellos. Es simple: ignóralos. No es tan duro como piensas. La parte difícil es aprender a no construir más. Concéntrate en superarlos.
Estaba confundida. No tenía ni idea de por donde empezar. Mis muros me habían servido de mucho y no estaba segura de querer desprenderme de ellos.
- Sé que no es fácil, pero es la única posibilidad que tienes si quieres que tu vida cobre algún sentido…

jueves, 1 de enero de 2009

lunes, 29 de diciembre de 2008

Muerte en la carretera

Más de cincuenta muertos se han cobrado ya las carreteras. Y aún no ha mediado la Navidad. Ni ha llegado la noche horrenda en la que tantos parecen querer despedir un año y recibir otro luciendo todas las galas de su ruidosa vulgaridad y su estulticia. ¿Qué cifras tendremos el siete de enero? ¿Qué siniestro regalo de vidas truncadas, familias deshechas, amores y amistades rotas nos dejarán este año los Reyes Malos de la velocidad y los coches? ¿Cuántas soledades no empezarán estos días? ¿Cuántas miradas de amor no tendrán como objeto más que las fotografías?
Mueren los fumadores, víctimas de su placer. Mueren los bebedores y los drogadictos, victimas de su insatisfacción. Mueren los enfermos, víctimas de males contra los que miles de científicos y médicos luchan a diario. Pero, ¿de qué es víctima el que muere en la carretera? ¿Del placer de la velocidad? ¿De la sensación de poder que da conducir una máquina poderosa y bella? ¿Del mal estado o trazado de las carreteras, o de fallos mecánicos? Estos serían los menos. Tengo para mí que la mayoría muere a causa de la despreocupación y del azar. Serían síntomas que harían de esta muerte la más representativa de un estado de cosas en el que hace ya muchos años vivimos.
Sobre el azar poco hay que decir. Solo que la carretera le da más posibilidades de jugar con nosotros de las que ha tenido nunca: dos máquinas buscando una circunstancia en la que su encuentro sea mortal para quienes van en ellas. Algo fatídico, en la que cuentan décimas de segundo. En cuanto a la despreocupación, creo que tiene que ver con un relativismo extremo, resuelto en un nihilismo de masas que quita todo valor a todo; con el mercado y el consumo como leyes universales, impuestas con más rigor de lo que ningún credo religioso o político lo fue jamás; con la transmutación de valores que se opera en el universo de la publicidad, según el cual solo se puede ser consumiendo, porque sólo se es lo que se tiene; con un sentido enfermo y compulsivo del viaje, que ha desaparecido como tal -ir placentera y tranquilamente de un lugar a otro- para convertirse en apurada llegada a una meta; con la confusión entre lo importante y lo urgente; con una aceleración y una prisa –las más de las veces injustificadas- que apremian como demonios interiores.
¿Cómo podrían evitarse estas muertes? No solo con la mejora de las carreteras o la revisión de los coches –lo que, desde luego, rebajaría mucho su número-, sino sobretodo con esa forma de autoestima y de amor a los otros que, en los conductores, se llama prudencia. El problema es que, si lo primero se logra con una buena gestión de los recursos públicos y la debida atención a nuestros coches, lo segundo es más difícil. Porque se conduce como se vive, se vive como se es o como nos obligan a ser; y cambiar el ser –o las condiciones que lo determinan- es más difícil que cambiar el firme de una carretera o el aceite de un coche. Es una cuestión, sobre todo, de valores.